Lunes, Septiembre 06, 2010
   
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Editorial 1997

Edición 1997En esta edición reproducimos por 2º año consecutivo un documento capital para conocer los orígenes y posterior evolución de nuestro pueblo. En efecto, son ya 800 años los que hace que el despoblado de "Villarlongum" tiene estatus de pueblo, como acredita la fecha de su última y definitiva Carta Magna de 1197.

La imaginación no alcanza para adivinar qué pasaría por las mentes de los primeros pobladores, probablemente antepasados nuestros, ante una empresa de tal magnitud como es crear un núcleo estable de población en un lugar desierto y con no pocas dificultades: todo está por hacer, zona fronteriza de guerra, enfermedades incurables, escasez de medios, servidumbre, arbitrariedad,... propias de la época que les tocó vivir, aunque hoy felizmente superadas. En definitiva imagino una vida con alto riesgo, corta esperanza de vida y en general incertidumbre sobre el futuro e incluso el presente.

Por contra tenían un objetivo común del que ninguno de ellos podía desvincularse. Dada la situación de fragilidad la superviviencia dependía de todos ellos, cada uno haciendo lo que sabía, pero todos imprescindibles (soldados, campesinos, artesanos, administradores,..). Seguro que había cientos de diferencias entre ellos motivadas por diversas causas, pero quedarían aparcadas ante las dificultades que afectaban a todos.

En 800 años no hay duda que cambian muchas cosas. La evolucíón es perceptible en los medios que mejoran nuestra calidad de vida. Pero en algo no hemos superado aquella etapa, porque sencillamente no se puede. Independientemente de los medios el futuro de un colectivo depende mayoritariamente de la voluntad de sus miembros.

Hoy tenemos más medios, vivimos mejor pero el futuro se percibe más oscuro que hace 800 años, y esa incertidumbre poco a poco avanza trasladándose hacia el presente.

Es notoria la pérdida de peso específico del pueblo, de servicios, de población, de expectativas, de recursos,.. agravado por la resignación general a aceptar lo que nos depare el destino.

Sin embargo, no parecemos estar concienciados del declive que sufre el pueblo y de las consecuencias que ello acarrearía para todos los que amamos su existencia. Se respira un ambiente de luchas intestinas, de todos contra todos sin ningún sentido y sin ninguna finalidad práctica. Parece que el objetivo común sea el de perjudicar al prójimo aún a costa de perjudicarse uno mismo. Esta situación de "sálvese quien pueda" es la fase previa al caos. Si las condiciones socioeconómicas del pueblo suponen una herida para su futuro, la imposibilidad de un diálogo constructivo entre los interesados supone la sentencia definitiva para su condena.

Aquella gente, nuestros probables antepasados, construyeron un futuro hace 8 siglos sobre una base cultural de guerras, escasez, ignorancia,.. Qué pena que la generación mejor preparada intelectualmente que haya pisado jamás esta tierra no lo vaya a hacer mejor. Sería inaceptable que esa mejor preparación se utilice para destruir el futuro en lugar de sumar esfuerzos y cualidades para construirlo.

En 8 siglos el tiempo se cubre de tradición y arraigo por lo más inverosímil, pero es indudable que el futuro de mañana lo han de construir los jóvenes de hoy. Sería triste lamentarse más tarde por no intentarlo ahora. No podemos vivir de historia y tradición. Hace tiempo que Villaluengo sólo es "capital de la sierra" en unas pegatinas que apenas se venden ni se llevan. Es hora de asumir la realidad, quitarse el smoking de capital y ponerse el mono de pueblo, en declive y en peligro.

Hoy no estamos como hace 800 años, pero si no todo, hay mucho que hacer.

Aviso

Importante: La revista "La Murada" no comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores de los artículos firmados o de las personas entrevistadas en las ediciones de nuestra revista.

 

 

 


 

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