Editorial 1998
¿Atrevernos a soñar?
Amigos lectores, con este año se cumple un lustro desde que la asociación "Amigos de Villarluengo" echara a andar. Si bien es un periodo escaso para realizar un serio balance, no lo es para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo andado y en especial para diseñar propuestas de futuro que nos lleven a alcanzar los objetivos fundacionales que en su día nos propusimos como colectivo.
Como en cualquier empresa humana se han manifestado en su seno una serie de contradicciones: ambiguedades sobre su naturaleza, equívocos de interpretación, desafecciones y adhesiones, tropiezos y aciertos, etc. Todo ello sazonado a veces de acaloradas discusiones que nunca traspasaron el límite de lo cortés.
Si bien algunos proyectos iniciales se estancaron o demoraron demasiado, producto sobre todo de la inexperiencia y del ambicioso impulso inicial, otros se han desarrollado o van por buen camino: participación en las fiestas patronales, exposiciones, conciertos, biblioteca, recuperación del archivo viejo del pueblo, restauración de la ermita-escuela, esta revista, etc. Con lo que, habida cuenta de la dispersión de sus miembros, hay que convenir que en principio no está nada mal.
Sin embargo, para seguir avanzando, convendría aclarar algunos aspectos referentes a la identidad de la asociación "Amigos de Villarluengo" en su carta fundacional expresaba claramente su voluntad de desarrollar una actividad cultural permanente, entendida en su más amplio sentido; de velar y actuar en la preservación de su patrimonio histórico, cultural y medioambiental, contribuyendo a propiciar el desarrollo del municipio. ¿Quién con un mínimo de interés por estas tierras no suscribiría esto?. Pero no nos engañemos, poner en práctica estos anhelos supone en primer lugar contar con la aprobación y el apoyo de una amplia mayoría. Debe ser ésta una empresa voluntaria, de compromiso con la colectividad de la cual emana y por la cual se ejerce. Empresa que atañe a los amigos de Villarluengo, entendidos como tales, no sólo a los vecinos de la villa, Montoro y las masías del término, sino a todos aquellos hijos del pueblo o amigos que año tras año o intermitentemente acuden a estas tierras desde cualquier lugar de España atraídos por innumerables reclamos.
No se trata de competir ni de suplantar a nadie. Ni de enfrentar a los de "dentro" con los de "fuera". Ni de acometer actividades que incumben a las instituciones locales, u otras asociaciones del lugar. Cada cual en su sitio, pero en lo tocante a Villarluengo, todos a una. Quién así no lo entendió ni lo entiende, flaco favor le hace.
Somos conscientes de las dificultades y de lo mucho que queda por hacer para que se cumplan estos objetivos de hermandad y esfuerzo común. Bueno será, para empezar, que nos empeñemos en conocernos mejor, en cultivar la amistad propiciando el diálogo abierto y fecundo en torno a todo lo que nos arrima a estas tierras, duras pero indudablemente atractivas y que cada cual a su manera queremos. ¿Y por qué las queremos?. Los de aquí porque las vivimos, los que estamos fuera porque las soñamos y unos y otros porque añoramos el encuentro de nuestros respectivos familiares y amigos. Estando por la era, por la fuente o por las huertas solemos recordar que la familia de Zaragoza y los amigos de Sagunto volverán otra vez por "San Marcos". En Madrid, en Barcelona, allá por octubre cuando se acerca el Pilar, huimos mentalmente del bullicio y se nos dilate el pecho pensando en el aire puro y fresco de las muelas. En primavera virtualmente nos acaricia el perfume del romero y nos acerca a "San Juan" deseosos de presenciar "El Reinao" y el Mayo. También desde Valencia si cerramos los ojos se nos llena el alma de añoranzas vividas en los tiempos mozos. Desde Teruel, desde Castellón..., nos apetece repetir el abrazo de los amigos, sea en cas de Josefina, sea en casa de Daniel. ¡Ah, el plomizo verano! nos impulsa a todos al reencuentro, a sentir la suave hora del atardecer. En fin, por tantas y tantas cosas que sentimos y añoramos.
Siendo así, ¿A quién, medianamente sensato, se le puede ocurrir pensar que este pueblo, estos parajes, estas gentes no nos pertencen a todos? ¿A quién sentar en Villarluengo-Montoro necias distinciones entre los empadronados de hoy y los "del pueblo" y los "forasteros-veraneantes" que han demostrado sobradamente su cariño hacia este lugar?... Mucho habremos adelantado si logramos superar tan nefastas y artificiales oposiciones. En estas tierras no solo cabemos todos, sino que Villarluengo-Montoro y la comarca nos necesitan. ¿Qué son las tierras sin sus gentes?. Porque una cosa es cierta, la mayor riqueza delos pueblos reside en el valor de sus gentes y aquí tenemos la suerte de contar con personas de valía, tanto del pueblo como de fuera, dispuestas a luchar contra el baldío y el desánimo empobrecedor. Es aunando y no disgregando, sumando y no restando esfuerzos y posibilidades, como podremos crear una dinámica capaz de despertar ilusión e iniciativa, adherir más voluntades, dar entusiasmo y esperanza a las jóvenes generaciones, que al fin y a la postre serán las que aseguren el porvenir de estas tierras.
Para todo esto se creó la asociación "Amigos de Villarluengo". Con idea de expandir toda iniciativa positiva; de crear un ambiente agradable y de simpatía que nos arraigue más y que atraiga a nuevas gentes. Todos, socios y no socios, podemos sugerir, proponer y ofrecer colaboración realizar actividades de interés general de enero a diciembre. No somos ningún coto cerrado en el pueblo. Queremos junto a todos contribuir a preservar y embellecer estos paisajes; mantener y señalar caminos; aparejar lugares de descanso y contemplación; plantar árboles; restaurar lugares y monumentos.
¿Quién puede decir hoy que, gracias a semejante impulso colectivo, un día no lejano, algunos de nosotros, seguramente ya jubilados, nos volvamos a empadronar en el municipio aumentando así su vecindario en beneficio de todos? ¿Que algunas de las masías y casalicios hoy abandonadosno recobrarán enamorados y restauradores dueños, aportando faena y vida? ¿Que el "caballismo de distracción no se aposentará en esta tierra tan propicia, tal y como ya sucede en otros lugares? etc. ¿Sueños?. Quizás si ¿Pero por qué no atrevernos a soñar?. Al fin y al cabo toda buena obra humana ha partido de un hermoso sueño. Si realmente queremos, si en ello ponemos nuestro empeño, así será.
Amigos lectores, queridos vecinos, bienvenidos visitantes, estimados socios. Desde esta roca del Maestrazgo. ¡Os proponemos realizar juntos un bello sueño!.