Miércoles, Septiembre 08, 2010
   
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Los Quintos

Antes... costumbre, ahora... tradición. De acuerdo con la Ley durante cientos de años, en España, era obligatorio que TODOS los hombres españoles, que estuviesen sanos de cuerpo y mente, aprendiesen el uso de las armas mediante la pemanencia y prestación de servicios durante un tiempo determinado (varió entre unos meses y cinco años, según las epocas) en el seno del Ejército Español. 

El proceso que se seguía era el siguiente;

El municipio, a través de su ayuntamiento, a primeros de cada año, elaboraba una lista de los mozos residentes en él y que, durante el mismo, iban a cumplir su mayoría de edad y les citaba para poco antes de Semana Santa, a fin de realizarles el Tallado (estatura y pecho) y recibir sus alegaciones para librarse del Servicio activo, que podían consistir en supuestas enfermedades u otros motivos de exclusión (hijos de viudas, sexagenario, etc...) en el caso de las enfermedades había que realizarles un posterior reconocimiento médico para ver quienes eran "útiles para el Servicio" y porponérselos al Ejercito.

Durante la primavera (generalmente en mayo, de ahí su nombre) se celebraban unas fiestas de proclamación popular de los Quintos del Año (en Villarluengo para San Juan) lo que, mediante distintos "ritos" entre los que estaba presente la plantada del "MAYO"  (en unos sitios un pino, en otros un chopo) en el que, por supuesto, se colocaba la bandera de España (ahora también la de Aragón) y un pollo.

Todo esto suponía un ritual pagano, en el que los mozos demostraban su coraje y su fuerza al elegir, transportar y plantar el árbol (en la mayoría de los casos ayudados por los quintos salientes y otras personas mayores). Después los quintos y otros mozos, intentaban subir a cogerlo para hacerse una merienda. Para el que lo lograba suponía un gran honor.

Por otra parte el acto de la plantada suponía un saludo al inicio de la primavera y una exaltación de la mayoría de edad de sus autores que, oficialmente ante el pueblo y a través del indudable símbolo fálico que es el árbol (sin ramas y plantado) estaban empezando a dejar de ser niños, proceso que concluía a su retorno del Servicio Militar Obligatorio y su incorporación con voz  y cierta capacidad de decisión en el seno de la familia (caso de quedarse en ella) o la libertad de abandonarla e iniciar una vida autónoma en el pueblo o, lamentablemente fuera de él.

A partir de esa festividad y durante todo el año los quintos participaban activamente (incluso los organizaban) en todos los actos civiles y religiosos que se celebraban en el pueblo y tenían el derecho exclusivo de organizar bailes, rondallas, vaquillas, etc, incluso ejercer el control de la formación de parejas entre chicas del pueblo y forasteros, dando su aprobación a la relación, después de pedirles "La Manta" (una especie de "impuesto revolucionario" o gabela) que, de no satisfacerla eran obligados a hacer una "visita" al abrevador, el lavadero o la acequia, y la amable exigencia de abandonar el pueblo.

En el otoño (una vez hecha la selección definitiva de los que se incorporarían como "útiles para el servicio" se producía el Sorteo de destino, Cuerpo y fecha de incorporación. Lo más deseado era caer a España (la península) en vez de a África (Marruecos, Sahara, El Aaiun, Guinea Ecuatorial, o las Canarias y Baleares).

A partir de la incorporación a filas se seguía siendo "quinto" con obligación (no escrita) de aguantar sin rechistar las "quintadas" (bromas pesadas, molestas, o incluso, muy molestas de los "veteranos") hasta la Jura de Bandera, momento en el que se pasaba a ser soldado como todos los demás y se terminaba lo anterior, comenzando la "vida cuartelera" con otra sucesión de "problemas" distintos, que había que superar con la ayuda de Dios y de algún compañero o amigo más antiguo.

Todo ello iba forjando el carácter de los "flojitos en cuerpo y espíritu" por calificarlos de alguna forma (alguno nunca lo consiguió); espabilaba a los "despistados y tontorrones" y proufndizaba la picardía de los "espabilados y oportunistas" que de todo había. Se cumplían tareas domésticas que no se habían hecho nunca antes (pues para ello estaban las madres y hermanas) se realizaban otras tareas "técnicas y de responsabilidad" absolutamente desconocidas (imaginarias, guardias, cuarteles, etc...) en definitiva, y como decían nuestros mayores: en la Mili, "te iban a hacer un hombre de provecho" ¿O...no?. Dependía de cómo era cada uno.

También durante los permisos cuando se retornaba al pueblo, el trato de los familiares, los amigos y desde luego los vecinos, era muy diferente a antes de que se fueran: se les miraba y se les trataba com más seriedad y respeto, preámbulo de lo que sería más adelante.

Una vez terminado el Servicio y llegada la la Licencia era el momento de reflexionar sobre el futuro que le esperaba a cada uno.  Unos, si su familia  (o la de la novia) tenían "posibles" y sus relaciones con ellas eran buenas, quizás retornaran al pueblo con intención de quedarse; en otros casos si tenían otra colocación aceptable en el pueblo o alrededores también retornaban; en otras (demasiadas) y sabiendo que en el pueblo les aguardaba un futuro incierto y desde luego sin demasiada prosperidad decidían quedarse en la ciudad y buscarse la vida por su cuenta sin la ayuda de nadie, retornando solo en vacaciones y fechas señalada.

Actualidad

En la actualidad y gracias al gran cambio que se ha producido últimamente en las Leyes, los mozos ya no se incorporan -con carácter obligatorio-  al Ejercito pero, salvo lo anterior, todo lo demás que recogía la costumbre se convierte en tradición en los pueblos y se sigue proclamando y dando protagonismo a los "quintos" en todas las actividades lúdico-culturales-religiosas con una nueva faceta muy importante, cual es la de contemplar la presencia y participación de las "quintas" en igualdad de derechos que los chicos. En las ciudades todo eso acabó hace mucho tiempo.

Como quiera que esto es bueno y deseable para la vida social del municipio, os animo a continuar ¡mantengámoslo!

Aviso

Importante: La revista "La Murada" no comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores de los artículos firmados o de las personas entrevistadas en las ediciones de nuestra revista.

 

 

 


 

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