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La casa del duende
La casa del duende

Una fría noche de finales de septiembre la calle Gascón de Gotor estaba en silencio, sólo el viento recorría los portales de las casas flitrándose por sus huecos y hendiduras y produciendo un débil silbido. Pero aquella quietud iba a durar muy poco. En el portal número dos de aquella calle un tremendo alarido sonó en la oscuridad despertando a todos los inquilinos del inmueble. A los pocos minutos los vecinos se concentraban con ojos somnolientos en los rellanos de la escalera alarmados por aquél grito que interrumpió su descanso y que parecía haber procedido del segundo piso. Pronto comprobaron que estaban en lo cierto al encontrarse con los dueños todavía en pijama y que reflejaban en sus pálidos rostros lo asustados que estaban.
La razón de su miedo procedía de la cocina de la vivienda de donde había surgido la voz. Acababa de comenzar un extraño suceso que se cernió sobre la ciudad de Zaragoza a finales de 1934 y que en los días que siguieron llegó a movilizar a todas las altas instancias de la capital aragonesa que fueron incapaces de desentrañar la causa de aquellos extraños sucesos.
En la cocina de baldosas blancas existía un antiguo respiradero provisto de una puerta metálica. Era una grasienta chimenea que servía cmo salida de humos y olores. De aquél estrecho agujero había salido la voz; una voz grave, profunda. Tal fue el desasosiego que aquellos hechos estban produciendo enla la salud mental de aquella familia que no dudaron en pedir ayuda a laas fuerzas del orden. Los policias que estuvieronen aquél inmueble realizaron diversas inspecciones y registros sin encontrar ninguna causa aparente que desentrañara el extraño fenómeno.
Con el paso de los días los rumores sobre lo que ocurría en aquella casa pronto circularon por la ciudad provocando un tremendo alarmismo entre sus habitantes y un gran problema a la policía que no sábía como aclarar aquellos sucesos que escapaban a su entendimiento y que carecían de toda lógica posible.. Las gentes se agolpaban enla calle cotilleando unos con otros sobre la casa del duende. Los periódicos se hicieron eco de la noticia y llenaron sus páginas contando todo lo que estaba sucediendo. Aquella voz continuó oyéndose durante las siguientes noches e incluso llegó a entablar conversación con algunos funcionarios que se encontraban allí presentes.
Las personas encargadas de investigar el caso y en vista del cariz que tomoban los acontecimientos decidieron solicitar la ayuda de expertos de varios ámbitos que pudieran arrojar un poco de luz sobre el misterio. Así se requirió la ayuda de un ingeniero y de un arquitecto que se encargarían de registrar hasta el último rincón de aquél edificio en busca de posibles causas técnicas que provocaran aquellos hechos, se creó un equipo médico que se encargaría de realizar las pruebas y análisis pertinentes a todos los miembros de la familia afectada en la confianza de encontrar algún síntoma que hiciera responsable a alguien, consciente o inconscientemente, de aquellas desagradables manifestaciones. Lo primero que se inspeccionó fue la salida de humos sin encontrar nada anormal que hiciera levantar la más mínima sospecha. Se investigó en todo el edificio, en los inmuebles colindantes , en azoteas, trasteros y sótanos, incluso se recorrieron las cloacas que pasaban por el interior de la calle. Se revisaron los conductos de ventilación, cañerías, chimeneas, instalaciones eléctricas y telefónicas y, en definitva, todo lo que pudiera ser susceptible de haber sido utliizado por un bromista para provocar aquellos sucesos.
La policía interrogó a inquilinos y vecinos en busca de alguna pista para resolver el caso, pero nada de lo que se hizo dió resultado. Las pruebas médicas a las que se sometió a los inquilinos no aportaron ninguna claridad al problema. Sí hubo quien pretendió tener la solución al intentar involucrar a la sirvienta de la familia como autora inconsciente de las voces, al proclamar que aquello sucesos sólo se producían en su presencia, por tal motivo, debía ser ella la que de alguna forma involuntaria provocara aquellos hechos. Pero esto nunca pudo ser demostrado.
El enigma parecía no tener solución, al contrario, con el paso del tiempo la voz fue dejándose oir con tono cada vez más amenazador, y las autoridades de la ciudad, viéndose cada vez más impotentes para resolver aquél enigmático suceso decidieron zanjar la cuestión al declarar que al no poderse demostrar la participación de persona alguna responsable de provocar aquellas voces, el hecho no podía dejar de interpretarse como algo excepcional e inhabitual y nadie debería darle más importancia que la que provoca un suceso de esta característica.
Lo cierto es que a finales de aquél año la voz dejó de oirse. Desapareción tal y como había llegado, de improviso. El misterio del duende de la hornilla jamás se resolvió. Con el paso de los años ha llegado a ser un suceso muy conocido y que ha dado mucho que hablar y aún seguirá dando. Profesionales expertos en estos temas siguen investigando después de varias décadas qué pudo provoca aquél misterio.
En este relato se ha intentado dar una versión más o menos libre sobre el particular con el ánimo de dar a conocer a grandes rasgos esta historia y solamente con la intención de entretener.
En la ciudad de Zaragoza, en el lugar donde ocurrieron los hechos, se levanta a día de hoy un edificio de oficinas que lleva el nombre "El Duende" en recuerdo de aquél extraño suceso que durante días mantuvo en vilo a la ciudad entera.
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