Reportajes
Villarluengo un pueblo hecho para escuchar
En este paisaje natural, el silencio ha hecho un pacto místico con la música porque su silencio es música, pero hay que saberlo escuchar también en nuestro silencio.
La vida nunca se repite, sólo se repite el milagro de la vida que la mantiene, la sostiene y le hace ir adelante. Este milagro nos ayuda a ir escribiéndola al compás de los acontecimientos y de la realidad siempre nueva. Este año pasado os decía que Villarluengo era un pueblo para mirar al cielo.
Este año, visto desde la Pascua,ha tenido su realidad y novedad, ha tenido su realidad y novedad, ha tenido un protagonista: el agua. Esto me ha hecho pensar que Villarluengo es: "Un pueblo hecho para escuchar".
Tuve la suerte de ver, oír y contemplar el milagro fluido del agua besándose en abrazo generoso, como "tres gracias", que se unían para caminar en compañia, en libertad y bravura aguas abajo: el Guadalope, el Pitarque y el Palomita... después que el agua rompía las cadenas que la tenían prisionera en las blancas nieves...
Esto me obliga a quedarme con los Órganos de Montoro que al escuchar sus sonidos viene a mi memoria el recuerdo de aquellos cuatro evangelistas de la música del siglo XVIII. Con los oídos pegados a estos monumentales Órganos de piedra me recuerdan las cuatros estaciones de Vivaldi.
En este paisaje natural, el silencio ha hecho un pacto místico con la música porque su silencio es música, pero hay que saberla escuchar también en nuestro silencio.
Bien podemos llamar a este lugar "Pacto místico de la naturaleza con la música sonora del agua", donde todos nos sentimos acogidos si somos capaces de captar la nobleza de los que vivís en esta tierra, como dice una admiradora vuestra (Feli B. Valestra):
Quiero hablar de otra música
donde los prentagramas
queden llenos de espigas.
Quiero salir de la noche
a recoger la sombra de todos los silencios,
a llevarme aquella rinconada
donde quedaba el llanto de la melancolía
Quiero hablar de otra música...
la que nace sola entre la gente
Y el Sábado Santo subimos a las cumbres con Mosén Antonio a rodearnos de luz y de blancura que aún quedaba. Un poco nos transportó a los senderos blancos de la infancia y nos volvió a la memoria aquél muñeco grande que, lleno de ternura, lanzaba bofetadas de caricias por el corro de niños que formaban las batallas blancas.
Y así me quedo con Villarluengo y con vosotros que día a día revivís el milagro de la vida, pero dicho de esta manera:
Simplemente me quedo con la dicha
de vagar por la vega de los ríos,
de poder escuchar su melodía
y llegar al balcón de los forasteros
florida mi alma y floreciendo
Después retornaré a mis calles
completamente llenas de otros símbolos
sin combatir conmigo la extrañeza.
Me programaron la niebla y la montaña
en esta libertad del campo abierto
y desperté donde nacen los ríos
y el hombre tiene añoranza de acogida.
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