Lunes, Septiembre 06, 2010
   
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Las masías, un pasado con futuro

El placer de sentir el medio ambiente, la posibilidad de disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad lejos de la vorágine urbana son motivaciones suficientes para los amantes de lo natual.

 

El término de Villarluengo se halla situado en un enclave montañoso cuya característica principal es el abrupto y variado relieve que conforma su paisaje; fruto de los plegamientos orogénicos y de la posterior erosión selectiva son sus retorcidos y escarpados murallones rocosos, sus profundos, cortados y angostos cañones excavados en el transcurso de los milenios por los ríos que los surcan.

Es evidente que la orografía del territorio fue el factor fundamental que determinó su poblamiento. Los numerosos caseríos que salpican el municipio nos dan idea de lo disperso del hábitat, que en algún momento de sus historia, pudo suponer más del cincuenta por ciento de su población total; de tal manera que si tuviéramos que singularizar en una característica que lo definiera, sin duda alguna, sería la Masía.

Las masías, nucleos de actividad agropecuaria de tipo familiar, desarrollaron una economía de subsistencia alrededor de la cual, se generó una red de intercambios comerciales de gran influencia en la economía de toda la comarca hasta la llegada de las primeras "industrias". De todo ello hemos de suponer que las masías condicionaron de manera especial la fisonomía de Villarluengo y, durante largos años, su forma de vida.

La dificultad en las comunicaciones, debido a lo extenso y accidentado del municipio, condicionó a su vez el agrupamiento en Partidas, lo que contribuyó a dar conciencia de grupo a sus moradores. Cinco grandes partidas componen esta singular estructura territorial y administrativa: Las Chelvas, La Hoya, la Matilla, Palomitas y las Costeras, más un grupo cerca de la villa y otro en las fábricas; llegando entre todas ellas a agrupar cerca de noventa masías. Prácticamente todas las Partidas cuentan con torres o masías fortificadas, cuyas especiales características vienen derivadas de unas circunstancias socio-políticas muy determinadas (aspecto éste sobre el que insistiremos en otra ocasión). Sin entrar en el estudio pormenorizado de su dudoso orígen, estructura y organización interna, observamos que esta peculiar forma de vida, que tuvo su punto álgido a mediados del presente siglo, está agonizando inexorablemente. Vinculadas antaño plenamente al territorio, en la actualidad, y pese a la relativa mecanización que facilita las labores del campo, la escasa rentabilidad de las explotaciones propician su abandono, subsistiendo sólo aquellas que, aparte de consideraciones sentimentales, poseen buenas tierras y pastos abundantes. Por otra parte, hemos de considerar la evolución demográfica regresiva que ha sufrido el término de Villarluengo, al igual que el resto de la provincia de Teruel; declive que se inicia con la desaparición de las "fábricas" y se acelera exageradamente a partir de la década de los 60 con una fuerte emigración atraída por el desarrollismo urbano, provocando la práctica desaparición de las formas de vida masoveras, quedando en la actualidad escasamente una docena de masías habitadas y en pleno rendimiento.

Sin embargo, como todo en la naturaleza, unas formas sustituyen a otras. Si antaño unos condicionamentos impusieron un modo de vida, en la actualidad otros nuevos están emergiendo. Poco a poco estamos asistiendo a la implantación de una nueva filosofía: lo verde, lo ecológico. El respeto por la naturaleza y la valoración de lo autóctono, de lo rural, conjugado con el disfrute del tiempo de ocio al aire libre, está provocando el nacimiento de una alternativa turística de futuro: el agroturismo o turismo rural, en el que la masía esta llamada a jugar un papel de primer orden; los ejemplos de Catalunya, País Vasco y otras regiones así lo atestiguan.

El placer de sentir el medio ambiente, la posibilidad de disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad lejos de la vorágine urbana, conocer el medio rural y su cultura son motivaciones más que suficientes para los amantes de lo natural. Si a ello le añadimos una estancia cómoda a un precio atractivo el éxito de este nuevo sistema de alojamiento en la masía lo tenemos asegurado.

Hemos de ser conscientes que el futuro de la zona pasa por la promoción de su innegable potencial turístico como eje de su desarrollo, si queremos frenar su despoblamiento hemos de saber aprovechar esta nueva fiebre del neorruralismo. Para ello, el primer paso que deben dar sus habitantes consiste en aprender a valorar su patrimonio cultural y natural, sus raíces y su historia, a fin de concienciarse de la necesidad de conservar sus señas de identidad. Esto debe ser una tarea conjunta, desde la solidaridad que llena la inteligencia de valores, que nos enseña la percepción de la belleza y nos conduce a cultivar la sensibilidad.

Tratar de fomentar el desarrollo económico "endógeno y sostenido" de estos pequeños municipios de montaña, deprimidos y desfavorecidos, pero sobre todo, olvidados, tremendamente olvidados, no es tarea fácil. Porque, eso sí: sin respeto al entorno no hay futuro. Cualquier modelo económico viable en esta zona debe pasar por el fomento de un escrupuloso respeto a la riqueza de nuestro entorno, tanto natural como cultural.

A partir de esta premisa se hace necesario apoyar todo tipo de iniciativas que dinamicen el incipiente turismo rural. A modo de ejemplo, podríamos enumerar: recabar actuaciones de la Administración encaminadas a la mejora de las infraestructuras básicas: la recuperación y rehabilitación de elementos de arquitectura agrícola singular (masías, torres, molinos...); recuperación de trabajos artesanales tradicionales; recuperación y promoción de productos agrícolas de reconocida fama (judías); fomento de nuevas alternativas de cultivo, como agricultura ecológica, plantas aromáticas y medicinales; recuperación y conservación de zonas boscosas con especies del lugar, etc. Todo ello acompañado de campañas publicitarias y promocionales con la edición de guías de alojamiento, de paisajes, mapas y rutas de senderismo, cicloturismo, etc.

Todas estas actuaciones y otras que pudieran darse necesitan, como es lógico, fuetnes de financiación, que en primera instancia pudieran darse aprovechando los fondos procedentes de la UE a través del programa europeo Leader II, así como las ayudas contempladas en distintos programas e inversiones financiadas a través de las diferentes instituciones autonómicas y provinciales. También la cobertura económica y apoyo propagandìstico que puedan aportar los programas de ayuda del "Parque Cultural del Maestrazgo", el Centro para el Desarrollo del Maestrazgo-Teruel y el área integrada de la Mancomunidad Turística del Maestrazgo, que han editado ya una serie de guías y folletos cuya difusión hay que aprovechar.

En esta línea se deben enmarcar actuaciones encaminadas a promover la restauración y rehabilitación de masías, potenciando redes de alojamiento dotadas de las comodidades básicas, e incluso fomentando el denominado "camping de masía", que consiste en acampar varias tiendas junto a un masía que les sirve de completa infraestructura.

Tanto Villarluengo y Montoro como sus masías tienen un entorno medioambiental privilegiado, un atractivo natural y una belleza paisajística envidiables, que desde la valoración de su patrimonio y el rescate de viejas tradiciones, junto a una mejora de las infraestructuras y una adecuada promoción, es indudable que pueden tener un futuro prometedor.

Aviso

Importante: La revista "La Murada" no comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores de los artículos firmados o de las personas entrevistadas en las ediciones de nuestra revista.

 

 

 


 

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