Lunes, Septiembre 06, 2010
   
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La sombra del viento

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En los sufridos montes del Maestrazgo comienzan a brotar de manera imparable, cual una explosión otoñal de setas, una nueva especie: Los parques eólicos, mucho más rentables que la selvicultura y agricultura tradicionales.

La “Comunitat Valenciana”, tan preocupada ella, por boca de sus actuales mandatarios, por ser la vanguardia en el desarrollo de la últimas tecnologías, y presumiendo de ser excelentes gestores en ¿eficacia y eficiencia? de lo que sea y la envida del mundo mundial, ha colocado su mayor “Parque Eólico” en tierras del Maestrazgo castellonense en los estrictos límites de nuestro Maestrazgo turolense, con el consiguiente destrozo de los altos collados que existen sobre Bordón, en una línea que va desde Olocau del Rey a la Todolella. Geográficamente, de momento, nos flanquean al Este los parques eólicos de Forcall, Villafranca, Castellfort, etc. y por el Oeste, en la parte de Teruel, también podemos ver el horizonte erizado de molinos en la vecina comarca de las Cuencas Mineras en zonas como Escucha, Utrillas, Montalbán. No deja de ser un contrasentido observar como desde la Administración se explayan hablando de nuestra opción por cuidar y preservar el medio ambiente, apostando por un “desarrollo sostenible”, por el turismo rural en un entorno privilegiado, y en cambio pretender colocarnos “ventiladores” en cualquier loma de la provincia causando un impacto paisajístico brutal.

¿Pero no son los parques eólicos el paradigma de lo ecológico, de lo renovable y de la sostenibilidad? Así, desde luego que no. Puede que la energía procedente del viento sea limpia y renovable, pero una instalación eólica no carece de afecciones en su entorno. Si hay un concepto que recoje muy bien su incompatibilidad con el paisaje natural, este es la industrialización del monte. De hecho estas instalaciones en definitiva son eso, una industria, y ésta en un paisaje natural, sencillamente está fuera de lugar. Así que un parque eólico, ubicado en zonas montañosas que contienen una rica biodiversidad y un alto valor paisajístico, de ecológico tiene bastante poco. ¿Y de la sostenibilidad? Pues tampoco, al menos la de los municipios del interior, que tienen en su riqueza natural y paisajística su principal activo como eje de su desarrollo, compatible y respetuoso con el medio, e incompatible con aerogeneradores, pistas y tendidos eléctricos.

Pero veamos. Ciertamente el viento, a pesar de su naturaleza variable, es uno de los recursos energéticos, que con la tecnología actual, resultan más atractivos para las empresas del ramo. Desde tiempos remotos se viene utilizando el viento para conseguir energía, pero hasta ahora este recurso se había utilizado para diversos usos agrícolas como la extracción de agua, molinos harineros, etc. Actualmente se usa para la producción de electricidad, generada por las aspas de gigantescas turbinas, que transforman la fuerza del viento en energía eléctrica. Como ventajas, que las tiene, diremos que en principio es una fuente de energía renovable, limpia y segura, no produce gases tóxicos por lo que no contribuye al efecto invernadero, ni a la lluvia ácida. No origina productos secundarios peligrosos ni residuos contaminantes, salvo los de la fabricación de los equipos y el aceite de los engranajes. Su construcción es rápida y además son instalaciones móviles por lo que su desmantelación permitiría recuperar la zona. Finalmente suponen un beneficio económico para los municipios afectados y para los particulares (cánon anual por ocupación del suelo y creación de algunos puestos de trabajo). Visto así no deberíamos dudar en optar por este tipo de energía; sin embargo en primer lugar, hay que tener en cuenta que para que su productividad sea óptima, los aerogeneradores han de ser de un tamaño considerable y estar emplazados en lugares muy expuestos al viento, lo que lleva consigo toda una serie de contrapartidas y consecuencias sobre las que por lo general no se informa debidamente a las poblaciones afectadas. Su instalación supone un negocio muy lucrativo para las empresas que promueven los parques eólicos. Los empresarios se aprovechan de las facilidades que se le dan a las “energías renovables” para conseguir grandes beneficios económicos y no para luchar contra el calentamiento global. El negocio está en el aire, o más bien en las subvenciones, ya que estas energías están fuertemente subvencionadas, pues sin esta ayuda, actualmente la rentabilidad es improbable. Tras las supuestas bondades de la energía eólica se encuentran enormes intereses económicos que ocultan aspectos oscuros. Y es que, ¡ojo!, para eludir los controles ambientales y también para ganar las primas que se dan por cantidad de megavatios en cada parque, lo que hacen las empresas del sector es dividir hábilmente sus proyectos en infinidad de parques pequeños, cuando en realidad se trata de macroparques de varios centenares de molinos. «La clave está en pedir un parque para una potencia de menos de 49 megavatios. Es el límite de autorización de las autonomías.» Por otra parte, el tiempo de amortización de los parques, con una previsión de vida de unos 30 años, está establecido en 10 años e incluso menos, merced al sobreprecio a su kilovatio, con lo que se consiguen rentabilidades entorno al 15% anual. Finalmente, una condición esencial para garantizar la viabilidad de los proyectos eólicos es la obtención de suelo muy barato y ese suelo se puede obtener fácilmente en el medio rural y concretamente en la cima de las montañas. En teoría ese suelo “no vale nada” ya que no se le da ningún uso, salvo el forestal, cinegético o el Medioambiental. Pero veamos cuales son los aspectos negativos que provocan estas instalaciones:

- Impacto visual: su instalación genera una interrupción de la armonía paisajística, provocando una alta modificación y degradación del paisaje, alterando el aspecto original de lugares emblemáticos, con la pérdida de buena parte de nuestro patrimonio natural.

- Zonas de enorme afección: con desmontes, caminos para el transporte, etc., que limitan el futuro uso del suelo de una gran extensión de superficie alrededor de las instalaciones, devaluando las propiedades afectadas.

- Impacto sobre el ecosistema: en especial sobre la flora endémica de las montañas; sin olvidar el incremento de la contaminación que supone la realización de un plan eólico al requerir la utilización masiva de metales, sustancias químicas, cementos, etc.

- Impacto sobre la avifauna: efectos todavía no bien conocidos sobre modificación de los comportamientos habituales de migración y anidación. Y principalmente los accidentes mortales que están sufriendo las aves por el choque contra las palas. En este último año de 2007 se han encontrado muertos por impacto en Castellón un total de más de 150 buitres leonados y algunas otras rapaces. Pero "la masacre”, a falta de actualización de datos, rondaría ya los 220 ejemplares en los últimos meses. Esto según datos oficiales y sin tener en cuenta que no todas las aves que chocan son encontradas por caer alejadas o por ser devoradas por zorros. Además de que podemos pensar que los técnicos de mantenimiento de los parques tengan instrucciones de enterrar todo cadáver con el que se topen para minimizar el verdadero alcance. Todo esto ocurre ante la indiferencia más absoluta de la Conselleria valenciana, que además ha aprobado 357 aerogeneradores más en la zona, lo que constituye una acción claramente delictiva de prevaricación, ya que además no asumen ninguna responsabilidad.

- Impacto sonoro: el roce de las palas con el aire produce un ruido sordo y constante (43dB). Aunque faltan estudios sobre el impacto que el ruido y las vibraciones en las proximidades de los parques ejerce sobre el hábitat, es evidente que cualquier persona sometida constantemente a esa tensión enloquecería.

- Impacto de tipo electromagnético: que acarrean las estructuras electro-eólicas de gran potencia y las redes de Alta Tensión que llevan aparejadas. Además de interferencias y perturbaciones en emisiones radiofónicas y de TV, etc.

- Impacto sobre accidentes: Los aerogeneradores son instalaciones peligrosas que pueden provocar graves accidentes por roturas de las aspas o incendios forestales como ya ha ocurrido. Necesidad de aislamiento: si un rotor adquiere una velocidad excesiva y no dispone de dispositivo de desconexión, puede llegar a desintegrarse, por lo que es conveniente dejar una zona libre en 200-300 m. alrededor del aparato, para evitar accidentes.

- Destrucción de yacimientos arqueológicamente interesantes durante las instalaciones. Etc.

En definitiva todas estas contrapartidas deberían estar presentes y valorarlas adecuadamente a la hora de hacer un balance sobre los posibles beneficios que nos podría reportar la instalación de un Parque Eólico en nuestra demarcación; pero como es habitual carecemos de la correcta información sobre el verdadero impacto que tendrán los aerogeneradores y las profundas transformaciones que pueden alterar los paisajes que todos disfrutamos o de los que dependen nuestra economía actual o futura. Porque información, salvo excepciones, ha habido la justa, y muy lejos desde luego de lo que debiera ser una correcta exposición pública que permita presentar las debidas alegaciones en tiempo y forma. Como bien podemos deducir de los inconvenientes referidos, uno de los principales problemas que plantea el desarrollo del aprovechamiento de la energía eólica estriba en la dificultad de encontrar y disponer de emplazamientos adecuados y en número suficiente. La instalación de grandes centrales eólicas es, como hemos apuntado, una industrialización en toda regla de las sierras, incompatible con el carácter natural de nuestras cumbres montañosas. Por otra parte hemos de tener en cuenta que de momento, tanto las centrales eólicas como solares no se plantean como alternativa de nada, si no que forman parte de un mismo sistema de modelo desarrollista, de una política energética que en su conjunto está asociado a los macro-proyectos de centrales térmicas a gas natural, de la energía nuclear, etc. Por lo que no se trata de entrar en la dinámica del falso debate de a mayor consumo o demanda mayor producción, sino todo lo contrario menor consumo, decrecimiento y mayor eficacia y eficiencia energética en las instalaciones y aparatos eléctricos, pues todavía existe un margen muy grande en el ahorro mediante el consumo consciente y las buenas prácticas ecológicas. Lo que sería realmente ecológico es la creación de centros de producción eléctrica próximos a los lugares en que se consume porque son más eficientes; controlar el alumbrado público, calefacciones y aires acondicionados, controlar el gasto energético de las empresas, renunciar a tanta comodidad absurda y agobiante... Es decir, mejorar la eficiencia de lo que consumimos y, en definitiva, consumir menos.

Pero de todos los inconvenientes expuestos uno no se percata realmente de ello hasta que los sufre. Por eso decimos que se trata en cierta manera de un timo, porque estas energías se introducen con engaño, con promesas y esperanzas que la cruda realidad se encarga de desmentir. Municipios de la Zona 3 del Plan eólico Valenciano en la Comarca de Els Ports en Castellón ya se están arrepintiendo de haber apoyado la instalación de estos parques. En los municipios del alto Maestrat como Morella, Villafranca, Todolella, etc. el número de puestos de trabajo generados apenas alcanza la decena, cifra muy inferior a la prometida en su día por la empresa promotora. También las ayudas económicas han sido muy inferiores a las que se habían barajado inicialmente y además se perciben a través de la Agencia Valenciana de la Energía (AVEN) en lugar de percibirlas directamente los ayuntamientos. Por otra parte, muchas de estas ayudas se destinan, como en el caso de Els Ports, a la reconstrucción del medio ambiente y de los yacimientos arqueológicos que previamente había destruido la empresa promotora (construcciones milenarias de piedra en seco). Por este hecho y por no respectar espacios protegidos en la Red Natura 2000 (LICs, IBAs, ZEPA) e incumplir varias Directivas Europeas, el Estudio de Impacto Ambiental está siendo investigado por la Comisión Europea, por el Síndic de Greuges y por el Parlamento Europeo. En nuestro Maestrazgo turolense, los Ayuntamientos de Bordón y Castellote, reclaman a la Generalitat Valenciana por vía judicial, bien la paralización y el desmantelamiento o una compensación económica por los daños que ocasionan los cerca de 100 aerogeneradores instalados en el límite con estos dos municipios, compensación similar al beneficio económico que por el rendimiento del parque eólico obtienen los pueblos castellonenses en cuyos términos están instalados (La Todolella, El Forcall y Olocau del Rey). Muchos de los molinos se encuentran a menos de 100 metros del límite con los municipios turolenses y muy cerca también de los núcleos de población, de manera que los vecinos oyen día y noche el zumbido que producen las aspas. Además, para los habitantes de la zona el paisaje ha cambiado por completo y en el horizonte ya sólo ven estos gigantestos aparatos que incluso han provocado la huida de la fauna autóctona.

Nuestra sociedad, la sociedad de consumo basada en la “economía de libre mercado” eufemismo con el que ahora se designa el Capitalismo, está acostumbrada a digerir todos los movimientos contestatarios que surgen en su seno y la Ecología no podía escapar a ello. Estamos asistiendo a la mercantilización de la problemática medioambiental que se convierte así en una nueva oportunidad de negocio. En nombre de lo “ecológico” se crean etiquetas verdes para vender mejor productos que no tienen nada ecológico y encima nos los pueden vender más caros. Al final lo que siempre encontramos es que los intereses de unos pocos prevalecen sobre el interés general, y es indudable y de sentido común que el interés general pasa por conservar nuestro patrimonio natural paisajístico. Con todo ello, queremos dejar claro que no nos manifestamos en contra de este tipo de energías, en especial la eólica, pero sí en contra de la masificación y colocación indiscriminada de aerogeneradores. “¡Energía eólica si, pero no en cualquier lugar ni de cualquier modo!”. Entendemos que su instalación debe hacerse en aquellos parajes en los que tengan sentido y no al lado de monumentos naturales, de parques o de entornos privilegiados. Además, desde el punto de vista paisajístico hay que denunciar que la mayoría de los parques eólicos no cumplen con la recién aprobada convención europea del Paisaje. A lo largo de este desenfrenado desarrollismo ya se han inundado demasiados hermosos valles y pueblos para producir energía, ya se han destruido muchos paisajes hoy irrecuperables, de modo que ya es hora de que hagamos las cosas bien y trabajemos más y mejor por una sostenibilidad verdadera que compatibilice y respete el entorno natural. Para ello primero habría que parar el proceso de urbanización desaforado que es el origen de la mayor parte de las alteraciones en el uso del territorio, después hay que tomar medidas para enfriar la burbuja especulativa surgida en torno a estas fuentes de generación de energía, bien exigiendo a los proyectos fuertes avales y estudios de impacto ambiental más restrictivos o limitando la potencia máxima subvencionada.

A pesar de todo, nos tememos que tal vez sea este el último verano que pasemos disfrutando de los bellos y sugerentes paisajes del Maestrazgo. El riesgo de degradación que se cierne sobre estas hermosas tierras es inminente y no sólo debido a los parques eólicos o los huertos solares, a ellos hay que añadir las líneas eléctricas de evacuación, y aquí parece que no nos andamos con tonterías. Está previsto que el Maestrazgo sea atravesado por una verdadera autopista de la electricidad, que además serviría para abastecer a las zonas de ocio costeras. Y lo que no parece tener lógica es que siendo Aragón un gran generador y exportador de energía, tengamos que recurrir a nuevas fuentes para garantizarnos la subsistencia. No es entendible bajo ningún punto de vista como se puede atentar de forma tan brutal y atroz contra el propio entorno natural con lo que ello supondrá de repercusión negativa respecto a su principal activo turístico. Y todo ello, con la excusa de lo ecológico y del dudoso desarrollo de los municipios de interior. Perversa ironía. El conflicto visual de los parques eólicos con el paisaje, además de poner en riesgo otros valores como la biodiversidad, radica en la saturación que se produce con una implantación abusiva que genera una contaminación visual evidente tanto desde su visibilidad lejana como desde lugares inesperados. Miremos donde miremos, caminemos por dónde caminemos, siempre nos encontraremos con su imagen repetitiva. Es la diferencia entre un paisaje con molinos, o un paisaje de molinos. Por más que se empeñen sus promotores mostrándonos sus aerogeneradores en bellas imágenes y comparándolos con los bucólicos molinos quijotescos de las Mancha, tan integrados en el paisaje; ni aquellos miden cien metros, ni se construían en cumbres, ni necesitaban enormes pistas de acceso y desmontes, ni iban asociados a transformadores y tendidos de alto voltaje cruzando el paisaje. Y no crean que exagero ¿Se han preguntado de cuántos parajes podremos disfrutar sin la clónica visión de los molinos o que no se vean cruzados por los perturbadores tendidos de alta tensión? ¿En cuántos podremos caminar con la tranquilidad y el silencio necesario para oír el siseo de las hojas movidas por el viento, el susurro de un arroyo o los alegres trinos de los pájaros? Con este nuevo paisaje tan peculiar, los aficionados al senderismo, al montañismo, a la bici de montaña, a la fotografía paisajista, etc. deberán acordarse de quienes han consentido y han pagado por cometer semejante tropelía contra el paisaje. Sólo con la declaración del ”Parque Natural del Maestrazgo” se evitaría que nos viéramos invadidos por semejantes clones. Todo ello nos lleva a plantearnos de nuevo el problema del modelo de desarrollo económico y social actual, que es por su propia naturaleza insostenible e irracional. En nuestro pequeño ámbito, luchar contra estos “gigantes” eólicos supone enfrentarnos cual quijotes a la irracionalidad y exige denunciarlos como una nueva agresión a los ya sufridos y resignados pueblos montañeses del Maestrazgo.

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