Recuerdo de un accidente
Este es el relato de lo sucedido la mañana del 25 de Junio de 1.984. El recuerdo de un accidente que dio mucho que hablar entre los habitantes de la comarca y que perturbó durante unos días la rutina diaria del lugar.
Esa mañana, a varios centenares de kilómetros de distancia, concretamente desde la base aérea de Torrejón de Ardoz en Madrid, despegaba un escuadrón de F-16 de la fuerza aérea estadounidense en misión rutinaria, una más de las muchas que se realizaban en esta zona por ser un "pasillo" aéreo de uso militar muy frecuente durante aquellos años. Los aviones pertenecían a la UDAFE, unidades militares destinadas en las distintas bases aéreas asentadas en suelo europeo como las españolas de Torrejón, Zaragoza y Los Llanos en Albacete, o las bases de Incirlik en Turquía o Ramheim en Alemania, todas ellas de importante valor militar y estratégico en el mediterráneo. El escuadrón se dirigía probablemente hacia el campo de tiro de Caudé, zona militar de maniobras y entrenamiento muy cercana a la provincia de Teruel.El accidente
Poco minutos antes del mediodía de aquél lunes, dos personas observaban, desde distintos lugares, las maniobras de dos cazas norteamericanos en el cielo. Una habitante de Pitarque y un agricultor que en aquellos momentos se dedicaba a las faenas del campo, fueron tetigos privilegiados del accidente que se iba a producir en breves momentos. Los dos cazas continuaban surcando el cielo del Maestrazgo cuando de pronto ocurrió una gran explosión y una bola de fuego y humo apareció en el monte.
Un avión se había estrellado en las proximidades de la Cañada de Benatanduz, muy cerca de los pueblos de Villarluengo y Pitarque provocando un pequeño incendioen el monte bajo. El piloto de aquél avión de combate americano era el teniente Scott Trapp, que debido a la potente explosión o al impacto de la caída falleció en el acto quedando su cuerpo practicamente desintegrado. Pertenecía al escuadrón 613 del Ala Táctica de Caza 401, con base en Torrejón de Ardoz. Esta unidad llegó a Madrid en el año 1.983 debido a los acuerdos firmados entre ambos gobiernos en materia de utilización conjunta de las bases aéreas en territorio español. En 1.991 con el gobierno socialista de Felipe González comenzó el desmantelamiento total de estas unidades militares hasta que en Mayo de 1.993 abandonaron Torrejón hacia otros destinos europeos.
Peligro tóxico
Nada más producirse el accidente, una treintena de personas de los pueblos cercanos se acercó al lugar del impacto. Un agricultor fue de los primeros en llegar al lugar y según sus palabras lo primero que notó fue un gran picor en la nariz y la garganta. "Yo ya había estado otras veces en sitios donde hay fuego, pero nunca había tenido esa sensación". Miembros del puesto de la Guardia Civil de la Cañada, alertados por los vecinos, se dirigieron al lugar del accidente, recorrieron las proximidades de la zona que estaba ardiendo y recomendaron a los vecinos que abandonaran el lugar porque según les dijeron "había peligro". El peligro parecía venir de la hidracina, una sustancia tóxica que porta este tipo de aviones y que se utiliza para hacer funcionar los sistemas hidraúlicos en situaciones de emergencia. Por tal motivo se acordonó la zona y se ordenó que fuera difundido un bando en todos los pueblos y masías cercanos para evitar que la gente acudiera al lugar del accidente.
Al día siguiente, casi medio centenar de militares americanos fueron movilizados de la base de Torrejón y se desplazaron hasta Cantavieja, distante unos veinticinco kilómetros del lugar del accidente, donde instalaron su cuartel general en un hotel de ese pueblo. De inmediato comenzaron las tareas de rastreo de los restos del aparato. Los estadounidenses, que vestían de paisano para "llamar menos la atención", acotaron la zona del impacto de algo más de un kilómetro donde quedaron diseminados los restos del avión y marcaron éstos con cinsta adhesiva fosforescente. En las inmediaciones del accidente se produjeron tres pequeños incendios debido al combustible derramado por el caza y poco tiempo después los militares encontraron el paracaídas abierto, lo que indicaba que el piloto había intentado saltar en el último momento. También llegó a la zona un capitán perteneciente al Ala 11 con sede en la base aérea de Manises (Valencia) que hizo de instructor militar del caso por parte del ejercito español. El rastreo de la zona permitió conocer el área afectada por el accidente, donde se observó una superficie de unos 300 metros de ancho y 75 de profundidad totalmente calcinado en la ladera de un monte.
Revisiones médicas de control
El día siguiente al accidente y por motivos estrictamente preventivos las personas que se habían acercado a la zona siniestrada fueron sometidas voluntariamente a una revisión médica para descartar posibles síntomas de estar afectados por el combustible tóxico que transportaba el aparato. El F-16 siniestrado transportaba seis galones (unos 22 litros y medio) de hidracina y propergol, sustancias consideradas tóxicas, inflamables y volátiles. La embajada de los Estados UNidos difundió un comunicado en el que se informaba que "no existe ningún peligro de toxicidad procedente del F-16 Falcon que se estrelló el 25 de junio cerca de Villarluengo, esta sustancia no se emplea solamente en este tipo de aparatos, sino que también es ampliamente utilizada en la industria". Los análisis efectuados en la zona tampoco apreciaron signos de sustancias nocivas. La localización del depósito que albergaba la hidracina demostró que dicho contenedor estaba perforado y que no quedaban rastros de aquella sustancia que seguramente se habría evaporado en el momento del accidente. Por otra parte, el estado en que quedó el caza de combate hizo casi imposible investigar las causas del accidente. Estos aviones, que alcanzaban velocidades cercanas a los 2.500 kilómetros por hora, disponían de una caja negra similar a las que utilizan los aviones comerciales que se encontraba ubicada junto al asiento del pilioto, el problema fue que prácticamente todo quedó destruido.
La autopista de los aviones
La caída del F-16 no es el único desastre que se ha producido en esta zona de Aragón. Ha habido otros accidentes e incidentes producidos por aviones militares tanto estadounidenses como españoles. En palabras del representante de las fuerzas aéreas americanas "es algo relativamente normal, dentro de lo infrecuente de un siniestro. ESta es una zona que suele sobrevolarse en los ejercicios tácticos que se realizan habitualmente, y por ello no es extraño que los accidentes se produzcan aquí. Es como si dijéramos, la autopista de los aviones. En este caso no sabemos cuales han sido las causas del accidente ni que tipo de avería se pudo producir".
La interpelación al gobierno
Durante los meses de abril y mayo del año 1.984 se produjeron varios incidentes relacionados con aviones militares que llegaron a provocar preguntas al gobierno aragonés. La interpelación 13/85 formulada por el Grupo Mixto promulgaba el estricto cumplimiento de la normativa de seguridad en todas las acciones relacionadas con las maniobras militares que se realizaban en el polígono de tiro de Caudé y en espacios aéreos de este territorio. El 30 de abril una bomba de humo cayó sobre una zona industrial; el 2 de mayo cayó una bomba de catorce kilos sobre el mismo sitio; también cayeron bombas de señalización de tiro a menos de ciento cincuenta metros de una empresa donde trabajaban varios obreros. En ocasiones los accidentes han supuesto la pérdida del avión completo, com el accidente sufrido en mayo de 1.985 por un Phantom en las proximidades de Teruel, cerca del pueblo de Pedralejos, juto a la carretera nacional 420, o el referido siniestro del F-16 de la Cañada de Benatanduz. Estos hechos sin haber puesto en peligro vidas humanas sí levantaron preocupación entre los distintos partidos políticos por el riesgo que podía suponer para la población.