Una libreta escrita a mano
En la actualidad el mayor volumen de información existente en el mundo, viaja a gran velocidad por internet y de igual manera que está, desaparece. Es inmediata y a la vez efímera.
El sistema digital que es capaz de almacenar cantidades ingentes de datos y manejar en soportes reducidos, archivos compeltos de imágenes no es permanente.
Las películas de larga duración se graban y caben en pequeños discos, pero la fragilidad del sistema informático obliga a crear continuamente copias de seguridad, tanto en las grandes empresas como en el resto de usuarios. Multinacionales quedan a diario en jaque debido a "virus" que a través de la red han accedido a sus archivos robando y destruyendo informaciones restringidas y exclusivas. Muchos de nosotros hemos quedado alguna vez absortos ante la pantalla del ordenador, que de repente queda en blanco, extraviándonos material de gran valor personal. Vivimos en un momento en el que todo puede ser o dejar de ser en un instante. Parte de nuestra vida y de nuestros recuerdos pueden desaparecer y todo...sin cuestionarnos la duración o "vida útil" de los actuales medios de almacenamiento de datos.
El progreso también plantea incógnitas...
Hace un tiempo paseando por los alrededores de Villarluengo encontré una libreta escrita a mano. Al leerla me llamó la atención en primer lugar su perfecta caligrafía y después el periodo de tiempo que abarcaban sus escritos, pues se inicia en 1908 (hace un siglo exacto) y transcurre hasta 1931. Alguien escribió en ella durante 23 años.
La libreta se utilizaba como libro de asiento, llevando un control de la economía familiar en una masada de nuestro municipio.
Sorprende la meticulosidad y precisión de los registros: pagos de contribución, contratos de arrendamiento, ganancias anuales, débitos, pagos, memoria de cuentas y préstamos, compras, ventas, control de cabezas de ganado y recolección de grano, gastos de comida para familia...etc.
Hoy sería impensable utilizar el mismo cuaderno durante tantos años. De hecho el propio ejercicio de escribir a mano se esta perdiendo. La acción de teclear sobre un tablero lleno de letras, deshumaniza la escritura porque la desprovee de la identidad en su forma. Un texto escrito a mano va más alla: la caligrafia también nos describe al autor. La corrección o imperfección califráfica, la ortografía (escribiendo a mano no hay correctores de faltas automáticos) o incluso las manchas ocasionales de tinta sobre el papel, reflejan y determinan para siempre ese momento mágico en el que un ser humano, tuvo la necesidad de constatar por escrito sus intereses, sus sentimientos, sus tristezas...sus emociones. Levantar el acta de su vida convirtiéndose en notario y cronista de su historia íntima.
Y en este sentido encontramos justo al final de libreta, en sus tres últimas páginas, un registro de nacimientos y defunciones habidos en el matrimonio del autor de los textos.
Observamos que nacieron siete hijos entre 1893 y 1909, dando constancia además del nombre de cada uno de los hijos y del día y la hora de cada nacimiento.
Lo más dramático es la narración que nos relata el triste suceso ocurrido al pequeño Rafael, el quinto de los hijos nacido el dia 14 de marzo de 1903 a las 2 de la tarde.
Leí por primera vez este texto a la hora del crepúsculo en un día frío de otoño, sentado frente al horizonte en la Loma del pie izquierdo y me commovió profundamente. Imagino que el tiempo hubiera borrado esta triste historia, si no hubiera sido porque hace un siglo un padre quebrado por el dolor, cogió su pluma y su tintero y resistiéndose a perder del todo a su pequeño Rafael, escribió en una página de su vieja libreta lo siguiente:
Año 1907
"Rafael Balfagón murió el día 16 de Junio a las once de la mañana. El niño tenía un botijito y fue a llenarlo de agua al pozo de la noguera de la Chelva y se acercó para agarrarse de la barra y cayó dentro del agua y quedó ahogado. Fue enterrado por lo civil siendo juez Dn. Mariano Zaera, Secretario Dn. Pedro Llana, Médico y cirujano Dn. Daniel Cortés y testigos de la autorí del finado Dn. Manuel Balaguer y Dn. Francisco Royo, enterrador Dn. Eladio.
Fue echado al sepulcro el día 17 a la hora de las siete de la tarde".